Historia del Judo

Un profesor de veintidós años quitó de un arte de guerra todo lo que impedía practicarlo en serio, y con eso inventó a la vez el judo, el cinturón negro y el modelo de gimnasio en el que entrenas hoy. También inventó el problema: qué le pasa a un método de pelea cuando se convierte en deporte.

De todos los sistemas de esta sección, el judo es el que menos parece tener que ver con el Krav Maga y el que más ha condicionado su forma. No por las técnicas: por el formato. El pijama blanco, los cinturones de colores, los grados numerados, el programa por grados, el examen, el combate libre con un compañero al que no quieres lesionar. Todo eso lo inventó un hombre, y se puede fechar.

El problema que tenía Jigorō Kanō

Jigorō Kanō (1860-1938) era un chaval pequeño y débil que empezó a estudiar jūjutsu para dejar de que le pegaran, y acabó siendo profesor y luego director de una escuela normal. Estudió en dos escuelas antiguas —Tenjin Shin’yō-ryū con Hachinosuke Fukuda y luego con Masatomo Iso, y Kitō-ryū con Tsunetoshi Iikubo— y en febrero de 1882, con veintidós años, abrió su propio dōjō en el templo Eishō-ji de Tokio. Dos años más tarde ese sitio se llamaba Kōdōkan, «el lugar donde se expone el camino».

Su problema no era técnico, era de método, y es un problema que cualquiera que haya entrenado reconoce. El jūjutsu tenía dos formas de trabajar y ninguna servía:

  • Practicar la técnica de verdad, contra alguien que se resiste, significaba lesionar a alguien. El repertorio incluía torcer dedos, luxar cualquier articulación y golpear para matar.
  • Practicarla en kata, con el compañero colaborando, permite repetir sin lesiones pero no enseña a aplicarla contra alguien que no colabora.

Las escuelas resolvían eso reservando lo peligroso para el kata y para el secreto. Kanō hizo lo contrario: quitar del combate libre todo lo que impedía combatir libremente, y quedarse con un subconjunto que se pudiera practicar a plena intensidad todos los días.

Qué quitó, exactamente

Y aquí es donde hay que ser preciso, porque es el intercambio central de todo el asunto:

Fuera del combate librePor qué
Atemi — golpes y patadasNo se puede golpear en serio a diario
Luxaciones, salvo el codoDedos, muñeca, hombro y rodilla se rompen antes de que el otro se rinda
Casi todo lo que iba contra la pierna en forma de torsiónIgual

Lo que quedó fueron proyecciones, inmovilizaciones, estrangulaciones y la luxación de codo: exactamente el conjunto de cosas que puedes hacerle a alguien a máxima potencia sin romperle nada, siempre que sepa caer. Y por eso lo primero que enseñó Kanō fue caer —el ukemi—, que es la pieza que sostiene todo el edificio.

Lo que ganó con eso fue el randori: combate libre, contra alguien que de verdad no quiere que le hagas la técnica, sin guion, todos los días. Ningún arte clásico podía hacer eso, y es la razón de fondo de que el judo desplazara a todos ellos en una generación: sus alumnos tenían horas de combate real encima y los de las escuelas antiguas, formas.

Y para separarse de ellas cambió el nombre: de jutsujutsu, «técnica»— a , «camino»—, porque, dijo, sus objetivos eran más amplios que los del jūjutsu.

Los cinturones no son antiguos

Este dato hay que soltarlo sin ceremonia, porque afecta a cualquiera que se examine de cualquier cosa: el sistema de grados es una invención administrativa japonesa de finales del siglo XIX. Kanō lo tomó prestado del go, el juego de mesa, que ya numeraba a los jugadores por kyū y dan. Al principio solo había dos colores de cinturón, blanco y negro. La gama de colores intermedios es todavía posterior y en buena parte europea: está documentada en el Budokwai de Londres en los años veinte.

Es decir: cuando te examinas de amarillo, naranja o verde, estás usando una herramienta de gestión de aulas numerosas inventada hace poco más de un siglo. Funciona muy bien — pero no es una tradición milenaria, y quien te la venda como tal te está vendiendo algo.

Cómo se volvió global, y qué se llevó por delante

El judo creció por dos vías que no tienen nada de romántico: la policía y la escuela. La historia que se cuenta es el torneo de la policía de Tokio de 1886, donde el puñado de alumnos del Kōdōkan habría arrasado a la Yōshin-ryū de los Totsuka, una escuela de tres mil alumnos. Conviene decir que esa versión está mal documentada y muy adornada — es el relato fundacional del judo, y los relatos fundacionales se escriben después. Lo que está claro es el resultado: el método pasó a ser el de la policía y luego el del sistema educativo. Ese es el patrón que se repite en todos los sistemas de esta sección: lo que entra en la escuela y en el cuerpo de policía es lo que sobrevive.

De ahí la exportación. A partir de 1900 el Kōdōkan mandó gente por todo el mundo, y como el público no conocía la palabra «judo», la mayoría enseñó bajo el nombre jiu-jitsu. El Kōdōkan peleó durante medio siglo por que solo su versión contase como legítima, y lo consiguió: el judo entró en los Juegos Olímpicos de Tokio 1964, y el resto de las escuelas quedaron en folklore o en nicho. En Brasil, donde el jiu-jitsu de los Gracie había sido el arte del régimen populista, la dictadura de 1964 lo sustituyó por judo — porque era lo que usaba el ejército estadounidense.

El precio, que Kanō vio venir

Aquí está lo que hace del judo el caso de estudio más valioso de esta sección. Kanō vivió lo suficiente para ver a dónde iba su método, y en 1936, dos años antes de morir, lo puso por escrito en una carta: le preguntaban por meter el judo en los Juegos Olímpicos y contestó que «el judo no es en realidad un simple deporte ni un juego», que él lo consideraba un principio de vida, y que los Juegos venían «tan cargados de nacionalismo» que prefería no comprometerse. El judo entró en los Juegos veintiocho años después de su muerte.

Y tenía razón. El judo de reglamento premia lo que puntúa: el agarre a la solapa, la proyección con control, el trabajo de suelo dentro de un tiempo limitado. Y penaliza o ignora lo que no puntúa — que es, casualmente, casi todo lo que Kanō quitó del randori en 1882. La lista es la misma, leída al revés.

Es el mismo mecanismo que le pasó al karate y el que este sitio llama «el reglamento es el enemigo»: todo deporte de combate es excelente y todos tienen un agujero, que es su propio reglamento. El judo es el caso más limpio porque el agujero está documentado: sabemos exactamente qué se quitó, quién lo quitó, cuándo y por qué.

Qué se lleva de aquí el Krav Maga

  1. Las caídas, tal cual. Las caídas del programa son ukemi de judo sin modificar, y son la primera cosa que se aprende por la misma razón por la que Kanō las puso primero: sin ellas no se puede practicar nada de lo demás en serio.
  2. Las proyecciones, con la finalidad cambiada. El repertorio de proyecciones es reconocible, pero el objetivo no es el mismo: en judo se proyecta con control y se continúa en el suelo; aquí se proyecta para soltarse y marcharse. La técnica se parece; la decisión que hay detrás, no.
  3. El formato entero del programa. Grados, cinturones, exámenes, un programa por unidades de valor. Eso no es hebreo ni israelí: es Kanō, 1882, vía el karate y vía toda la enseñanza de artes marciales del siglo XX. Se adoptó porque es la mejor herramienta que existe para enseñar lo mismo a mucha gente y poder evaluarla con el mismo criterio.
  4. Y la advertencia de propina. Un programa por grados con examen tiende, solo por existir, a convertirse en el objetivo. Kanō lo vio en el suyo. Por eso el programa de Krav Maga insiste en el combate libre y en los ejercicios sin guion: son lo único que impide que el examen sustituya a la pregunta.
Fuentes de este artículo
  1. Thomas Lindsay y Jigorō Kanō, Jiujutsu: The Old Samurai Art of Fighting without Weapons, Transactions of the Asiatic Society of Japan, vol. 16, 1889. https://archive.org/details/jiujutsuoldsamu00kangoogLeído ante la sociedad el 18 de abril de 1888. Es el fundador del judo explicando de primera mano qué era el jūjutsu, qué escuelas había y por qué la literatura del ramo no es de fiar. De dominio público.
  2. Jigorō Kanō, Carta a Gunji Koizumi sobre el judo y los Juegos Olímpicos (1936), reproducida en el Budokwai Bulletin, Londres, 1947. https://www.usatkj.org/prof-kano-on-judo--olympics.htmlKanō, dos años antes de morir: «el judo no es en realidad un simple deporte ni un juego», y su recelo ante unos Juegos «tan cargados de nacionalismo».
  3. José Cairus, The Gracie Clan and the Making of Brazilian Jiu-Jitsu: National Identity, Culture and Performance, 1905-2003, Tesis doctoral, York University, Toronto, 2012.La única historia académica del jiu-jitsu brasileño de este alcance. De aquí sale el dato que explica el sistema entero: los Gracie cargaron el trabajo en el suelo porque de pie los ganaban los japoneses.

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